La Meseta de Marcahuasi  

Monumeto a la HumanidadPactanmi Ppachha

Visité la Meseta de MARCAHUASI en la época de los setenta en varias ocasiones, con mis amigos de Miraflores.

La primera visita creo que fue en el 73 o el 74, no mucha gente conocia el lugar. El viaje a San Pedro de Casta lo hicimos en omnibus desde Chaclacayo. Lugar colorido, contrastante con la Lima nublada, sucia, en blanco y negro. Para mi siempre era excitante subir por la carretera Central hacia los Andes, y disfrutar del calor, el olor de los cerros, los árboles, la belleza del cielo azul despejado -con nubes cirrosas, casi pinceladas, y todo en color.

Nuestra primera parada era el mercado de Chosica, siempre lleno de gente - para comer y comprar provisiones, sin olvidarme de comprar los caramelos de limón. La siguiente parada, el pueblo de Santa Eulalia, mi favorito. Andar por las chacras, comprar paltas y miel de abeja. Teníamos nuestra casera, una señora de edad y respetuosa, que preparaba Chicha De Jora, le faltaba un incisivo y un premolar en la mandíbula, siempre riéndose.

De alli sin parar- el ómnibus a toda velocidad, levantando una nube de polvo, en esa carretera pegada al cerro, y poco a poco, el río Santa Eulalia se achicaba, y al frente se percibía la hidroeléctrica de Barba Blanca y más arriba, San Pedro de Casta, una aventura.

Al llegar al pueblo tan pintoresco y rural, respirabamos fuertemente el aire puro y fresco. San Pedro De Casta, lugar alegre, los nativos sobre todo los chiquillos se apresuraban para vernos, curiosos de ver a extraños caminar por su callesitas de piedra, por sus viviendas de adobe y techo a dos aguas, encima de sus chacras. Pueblito sentado en un plano alto, con una vision ilimitada, donde todo estaba abajo, excepto Marchahuasi.

Lo primero, era andar por el pueblo y parar en la tienda, la única. Y visitar al Profesor, un señor muy amable, nativo - la autoridad escolar en esa pequeña comunidad rural, sin colegio. Había sido el guía de Russo a la meseta, hacia varios años. Sus hijos nos indicaron el trecho a seguir. Después por la tarde, empezamos la caminata de varia horas hasta la meseta, yo chupando mis caramelos de limón . A a medio camino me acuerdo, que nos sentamos un rato a descansar en la grama y me quedé dormido un buen rato, que rico!.

Marca Huasi - Mist Shrouded MysteryAl llegar casi a la cumbre del cerro, notamos un rocón, una inmensa y pétrea mole, con la apariencia de un perfil humano, y caminamos por su alrededor hasta llegar a un plano- todos mudos de asombro, sin aire. Estaba atardeciendo, no sentamos a ver el sunset al crepúsculo. Mirando al cielo celeste por arriba, los picos de la los cerros al frente casi tapados por nubes blancas y muy lejos en profundidad hacia abajo el valle gigantesco como un hilo minúsculo. Fue la primera vez que vi descender la silueta colorida del Sol tan grande bajo mis pies, seguida de una explosión de colores en el cielo. Atónito, sin moverme de mi roca, como mis amigos, paralizados y con creciente frio, rodeados de silencio y topados lentamente por la oscuridad, fuimos sorprendidos por una inmensa luz blanca que ascendía bajo nosotros. Esa Luna gigantesca pasaría sobre nuestras cabezas -hacia ese techo de cielo oscuro, que mas tarde seria el canvas de millares de estrellas- muy lenta, lentanmente.

marcawasiA la mañana siguiente, después de una noche helada y medios sorocheados e incomodos de dormir en una bolsa de dormir en un terral, nos despertó la intensa luz del día, y el olor a comida. El professor habia mandado dos chicos del pueblo, con un burro simpático, cargando leche, pan y queso.

Empezamos el día caminando por el terreno rocoso accidentado, de la meseta. Cuando nos cansabamos for falta de aire, nos sentabamos en las rocas gigantescas mas altas, para contemplar la vista panorámica, espectacular; cada uno en su roca. Desde allí divisabamos el parque de rocas, las lagunas, al frente, la cadena de montañas y todo el espectáculo rodeado de un azúl puro manchado de nubes y por de bajo, un abismo verdoso, increíble.

Images of MarcahuasiDespués de unas horas en rodeados de una solitud, reflexionabas sobre la vida urbana. Los sonidos del viento a casi cuatro mil de altura, son extraños para un limeño, y el tiempo alli, en el techo del planeta, no tiene reloj. Algunos de mis amigos ya querian regresarse a Lima, el silencio los irritaba, no de cólera, pero de una confusión inexplicable. Nunca habían vivido en las montañas, y ni pensar haber convivido con agricultores. Yo habia pasado varias temporadas de niño en la Sierra Sur, y entendía a esos pobladores sabios, que nos miran pacientemente desde arriba, y siempre, siempre, nos recibían con una sonrisa platónica.

Esta vieje fue el comienzo de una experiencia inolvidable que me llevaría a regresar varias veces, incluso durante la temporada de lluvias. Treinta años mas tarde, todavia sigo pensando: cuando será la próxima vez que visite ese lugar maravilloso?.

Ojalá que este hermoso lugar llegue a ser algún día un lugar turisto, como otros atractivos de la cadena de los andes en el centro y en el sur del Perú. Mientras tanto visitenlo y pasen la voz.


Walter

Verano del 2004

 

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